Desmitificando mi origen. Capítulo 1. “Ta”

Un proceso de apropiación territorial es un acto de sobre vivencia. Como seres sensibles no estamos nunca preparados para dejar de ser parte de algo, de alguien. Lo hiper-conectado del mundo virtual comienza a permear el mundo tangible, de manera que las barreras, incluso las simbólicas, se relegan.

¿Qué será del pensamiento bolivariano de la “América unida”? ¿En qué momento fue seductora la idea de poner en un solo bolso tanta riqueza? ¿Será que la “identidad latinoamericana” sirve solo para dejar al margen expresiones que no entren en los cánones establecidos? ¿Y si esta clasificación solo responde a un producto vendible? ¿La idea de la “raza cósmica” de Vasconcelos era para reivindicar o para lamentar?

Tantas preguntas que estaban en el cuaderno y que siguen ajustándose. Y no es que esté mal hacer preguntas, o que no haya respuestas, quizá lo que me inquieta es que cada pregunta me lleva a otra más compleja. Lo que es un hecho es que la vida de un continente está viviéndose de muchas maneras, y quizá no hemos querido darnos cuenta. O quizá particularmente mi romanticismo no quería darse cuenta.

Transito un país que es tan distinto al mío que me causa estragos idealistas, por la especulación previa: una latinoamérica unida. Desde el lenguaje la comparación es innegable, distante, alucinante.  Y, ta. “Ta”, esa expresión que aquí se mantiene como bandera, como un manifiesto, quizá como un compromiso con la identidad nacional; y ta.  Dicen que esta expresión puede ser del resultado de abreviar “está” o “ya está”. No sé. Quizá nadie sabe ni lo quisiera saber.

Paralelamente convivo con personajes de otros países, otros lenguajes, y todo esto se vuelve más complejo, pero más rico a la vez. La lengua castellana te atrapa, te envuelve, eres una víctima de la palabra y la palabra de ti, mexicano. Porque el desdoble de una lengua en cada territorio se configura para sobre vivir, como mencionaba anteriormente. Los códigos son los códigos, hermana, parce, ché, su mercé, boludo, man, loco, amiga, todes.

Creo que justamente la riqueza de este universo latino indescifrable es asimilarlo unido, aunque en el fondo una barrera esté presente. Partiendo del idioma, la identidad latinoamericana es una trampa, un caballo de Troya, un recordatorio de que por más que nos abracemos, no cabemos tod@s en los mismos brazos; y es ahí , en el reconocimiento de lo divergente, donde quizá nuestra cultura encuentra su terreno para fortalecerse.

Basta abrir la boca y agudizar el oído para saborear este brebaje multicolor.

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