La trama sin miedo

La piel de los días archivados son apenas
referencias de los muchos agobiantes expedientes afectivos,
que condujeron a los hombres y mujeres a manipular el textil
como la técnica artesanal capaz de murmurar
contra la prepotencia y el miedo.
Blanca Villamil.

 

La cita de Villamil está situada en el contexto carcelario uruguayo de finales de los 70´s particularmente en la sede Punta de Rieles, una “cárcel modelo” para prisioneras políticas en donde el textil se estableció como lenguaje sensible.

Basta entender el proceso de producción de un tejido para dimensionar las metáforas que se pueden apropiar a la práctica social: el acto como tal es un encuentro con uno mismo, donde normalmente el resultado se comparte. Y es desde ahí que Villamil retrata en su maravilloso texto una memoria de “el gran encierro” durante la dictadura uruguaya para analizar la fuerza misma de la práctica, las tramas, los colores, las texturas, el tacto ante el encierro y la calidez de un textil.

En el marco de un proceso artístico en una ex carcel, la de Miguelete, he planteado la práctica de un textil colaborativo, durante un fin de semana distinto para l@s montevidean@s: el día del patrimonio. Un felpudo o tapete que se construye a partir de muchos nudos, trozos de lana que se amarran a una trama plástica reciclada. La afectividad uruguaya se concreta en un objeto, nudos que simbolizan encuentros sin encontrarse.

 

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Y paulatinamente se forma un objeto con muchas manos, muchas de ellas que descubren por primera vez la sensación de atravesar la trama, anudar y formar parte de un objeto funcional, una pieza artesanal. Muchas otras manos ya expertas que demuestran el fervor por construir nudo a nudo.

Seguramente no se olvida el proceso de dictadura en este país, menos para quien lo vivió. Pero las mujeres que establecieron lenguajes afectivos dentro de una prisión hoy las traemos de vuelta al presente.

¿Cómo sentir empatía con un proceso que no he vivido en un país que no es el mío? La respuesta es simple: porque las manos que siguen aceptando construir un felpudo colectivo son el resultado tangible de esos procesos sensibles. Y ahí quiero insertarme, ahí el felpudo acaricia la historia y rechaza el miedo.

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